lunes, 15 de agosto de 2011

Capítulo 13: Mejores

Alicia abre la puerta del bajo y todos se vuelven para verla. Las sillas están dispuestas en círculo y la sala está llena de humo. Ella inspira profundamente y sonríe al notar la marihuana adentrarse en sus pulmones . En vez de dirigirse a una de las sillas va hacia la pared y abre una ventana.

-No queremos que alguien venga y se encuentre esto así, ¿no?- no espera respuesta; al fin y al cabo no se van a negar a nada de lo que diga.

Toma asiento y mira por dónde va el porro que se están pasando. Genial, lo tiene Elena, una chica bajita y pecosa con el pelo castaño cobrizo. Se han reunido allí para sacar ideas para las fiestas de ese año, que comenzarán dentro de poco. Hay cuatro chicas a parte de ella (Elena, Patricia, Marta y Nuria) y tres chicos (Juan, Ricardo y Nacho). Se ha acostado con los tres. Tiene en frente a Ricardo, con quien más le apetece repetir. Le guiña el ojo y él le devuelve el gesto; ya tiene con quién pasar la noche.

-¿Y Rosa?-pregunta curiosa por saber dónde está su mejor amiga. Es la más fiel.

Patricia le contesta con un poco de miedo.

-Bueno... yo no la veo desde anoche, pero claro, yo me fui lo que se dice pronto.

Alicia pone mala cara, pero lo deja pasar. Al fin y al cabo Rosa no suele aportar muchas ideas. Intenta recordar lo que hizo anoche, pero había bebido bastante (de ahí la resaca que tenía ahora) e iba tan colocada que se acordaba de poco. Solo que el chico de anoche tenía melena. Buenas noticias, al fin le toca a ella el porro. Da una calada y expulsa el humo enseguida.

-Ag, qué asco de maría, por Dios. Esto rasca muchísimo; haced el favor de conseguirla mejor.-Hace una pausa durante la que nadie dice nada.- A ver, ¿alguien tiene alguna idea para las fiestas? Como le dejemos al Ayuntamiento montar algo va a ser un desastre.

-Un concurso de Miss Camiseta Mojada.- propone Juan.

-Idiota- espeta Elena.

Alicia considera la idea, pero la acaba descartando; ella sería de las pocas que se presentasen.

-A ver, algo nuevo...

-Macrobotellones subvencionados.- todos ríen la idea de Nuria.

Excepto Alicia. Las risas se le clavan en la cabeza como agujas. Da una gran calada al porro y lo pasa a Marta, que está a su lado. Tiene que pensar algo; algo en lo que ella destaque...

De pronto le suena el móvil a Nacho. Don't cha, una canción antigua de las Pussy Cat Dolls. Esas chicas son bastante provocativas. A Alicia se le da bien ser como ellas...

-Hagamos un concurso de baile. Uno en serio y otro más en plan divertido, dos por grupo; para que la gente del pueblo quiera participar.-propone la morena mientras se imagina a ella bailando "When I grow up".- Y que sea obligatorio que una de las dos canciones sea de las Pussy Cat Dolls, así nos aseguramos el ganar.

Todos se quedan callados. Nacho cuelga justo en ese momento y el silencio es total.

-Eres buena...-dice Ricardo con los ojos clavados en ella.

-Cuando soy buena, soy buena. Cuando soy mala, soy mejor.- responde sin saber que fue Mae West quien dijo la frase que ella vio en un collage y que acaba de utilizar.

Sabe que acaba de asegurarse el lío de la noche.

sábado, 13 de agosto de 2011

Capítulo 12: Cansancio

Eli entra en casa, creyendo que todo el mundo está dormido. Es por eso que se sorprende al ver a Rafa sentado en la entrada esperándola.

-Anda, buenos días.-saluda la chica esperando que no esté enfadado. Lamentablemente, está equivocada.

-¿Dónde estabas?.

Ella se queda un momento parada. ¿Le cuenta la verdad? Sí, no hay razón para no hacerlo.

-He ido a ver amanecer, ya sabes que quería verlo, y como estaba desvelada...

Su novio hace un mohín y toma un sorbo del cappuchino matutino. La mira con cara de incredulidad. Ella no entiende por qué; nunca le ha mentido.

-¿Y el rubio?

-Es el vecino, me lo he encontrado por el camino.

-En la casa de al lado no vive nadie.- intenta recordar los últimos habitantes, pero siempre ha estado vacía.

-Cariño, hazme caso, era el vecino.

Se sienta al lado del chico recostada sobre la pared y le quita el vaso. Da un largo sorbo, manchándose la nariz y los labios de espuma. Rafa la mira y Eli saca la lengua, llevándose asi un poco de crema hacia dentro, pero sigue manchada. Su novio le pasa un dedo por la nariz y le quita con los labios el resto. Ella se está quieta y, cuando se separa, le abraza.

Por lo que le cuenta el joven, ese día no habrá nadie en casa, algo muy raro en ese pueblo. Se quedan en el recibidor, ella sentada sobre él hasta que la taza está vacía.

... ... ... ...

-¿Sabes? Esta mañana me he encontrado a Carlos.

Están en el paseo marítimo. Los dos solos, hace viento y Eli, acostumbrada al clima más cálido de su ciudad, lleva una chaqueta. Fina, pero de manga larga. Son las ocho de la tarde y el cielo está algo encapotado. Nada que ver con la situación del principio del día.

-¿Sí?-el chico, que la rodea con los brazos, está algo abstraído.

-Ahá, con Rosa. Ella estaba dormida; hemos estado hablando un rato. Me ha comentando que hay otro grupo en el pueblo... ya sabes, no tan indeseables como estos-Eli tiene la cabeza apoyada en su hombro y no puede ver el mohín que su novio hace cuando se refiere de ese modo a los chicos del pueblo.- No ha sabido decirme cuántos son exactamente, no muchos, pero... no sé, podríamos probar a acercarnos... se lo he comentado a David.

-¿David?

-El vecino nuevo.-Le aclara la chica.

-Ah.

-Bueno, ¿qué dices?

Parece que a él le cuesta recordar de qué hablaban.

-Sí, vale, me parece bien.

Ella lo atribuye a que está cansado, no sabe de qué, pero hay veces que la gente se cansa sin motivo...

domingo, 1 de mayo de 2011

Capítulo 11: Iniciativa

Capítulo 11: Iniciativa

Carlos la mira. Siempre le ha parecido tan guapa. Muchas más que Alicia, a la que todos parecen admirar, aunque claro, parecen admirar más bien la forma que tiene de entregarse a cualquiera cuando le apetece. La típica chica fácil. Y por desgracia ella también es así. Pero está enamorado y eso, aunque no le impide ver sus defectos, los suaviza mucho.

Ella está durmiendo sobre su regazo y el joven reprime el impulso de acariciarle el pelo. La noche anterior acabó tan drogada un borracha que no había forma de llevarla a casa. Y nadie más lo había intentado. De acuerdo, todos allí habían estado más o menos igual que ella excepto él y otros pocos con los que no tenía mucha relación. Se estaba dando cuenta de que ella, de no ser por su familia, no tenía muchos amigos. Líos, rollos, líos, rollos, novios con los que no había durado más de dos meses, más líos, más rollos... y Alicia parecía manipularla como quería. Pero él la conoce. Sabe que es dulce, que si le está pasando eso es simplemente porque no es ella misma e intenta encajar.

Comienza a plantearse, ¿y qué es lo que está pasando con él? Al fin y al cabo solo va con ese grupo porque ella lo hace. No tiene mucha relación con los demás chicos del pueblo, pero sabe que hay más. Pocos, que “se cuidan”, es decir, que no consideran la mayor diversión beber como locos y fumar porros a dos manos.

Un movimiento lo saca de sus pensamientos. Ve una chica que no le suena mucho dirigirse hacia la playa, pero va totalmente vestida. Se da cuenta de que es Eli e intenta captar su atención moviendo la mano. No lo consigue y le sisea. La chica se vuelve y le sonríe. No quiere perderse el amanecer, pero parece que todavía quedan unos 10 minutos, así que puede quedarse un poco a hablar. Mira hacia la muchacha que duerme en el regazo de Carlos y hace una mueca pero el chico le sonríe y se encoge de hombros. Coloca su chaqueta bajo la cabeza de la muchacha dormida para que le haga de almohada y se acerca a Eli.

-Qué madrugadora- saluda el chico.

-Bueno, siempre he querido ver amanecer, y ahora puedo hacerlo. – Dirige su mirada hacia la muchacha que duerme en el suelo al lado de ellos- ¿Qué le pasa a Rosa?

-Mmm... Ha bebido demasiado...

-Espero que se ponga bien- lo dice sinceramente, al fin y al cabo es de su “familia”.

-Tranquila, no es la primera vez –se hace un silencio que Carlos rompe- Oye... ¿haces algo esta noche?

Eli se queda un poco impactada con la pregunta, pues tiene novio y el muchacho lo sabe.

- Yo pensaba que tú... bueno, estabas enamorado de Rosa...

-No te estaba proponiendo nada raro- ríe él. De pronto baja la voz- ¿Tanto se me nota?

-Sinceramente, no creo que nadie pueda apreciarlo si el estado en el que iban todos ayer es su estado habitual- le sonríe intentando infundirle ánimos.

Eli le cae bien. Parece una muchacha responsable y, por lo visto, consigue que Rafa también lo sea. Se arma de valor y le dice:

-Verás... la gente que viste anoche no son las únicas personas de nuestra edad que hay aquí. Hay otro grupo, son... creo que son 4 ó 5, no sé, nunca me he juntado mucho con ellos porque la verdad es que siento como que algo me obliga a proteger a Rosa... si no fuese por mí esta noche ella se habría quedado aquí sola y la verdad es que el puerto de noche, cuando ya se han ido todos... no estoy diciendo que no sea seguro, pero no es tampoco un lugar recomendable. Ahora está a punto de amanecer, pero he visto a unos cuantos indeseables por aquí.

-¿Más indeseables que los de anoche?- Intenta bromear la joven.

-Más todavía.- El gesto del muchacho la hace enmudecer y por eso él prosigue- Lo que quiero decir es que... bueno, ya te habrás dado cuenta de que a mí tampoco me entusiasma el ambiente en el que se mueve Rosa y, me gustaría sacarla de aquí. Por eso, he pensado que podríamos intentar juntarnos con el otro grupo...

La muchacha le sonríe.

-Muchas gracias, Carlos, estaré encantada de decírselo a Rafa, supongo que aceptará.

-Gracias a ti, por ayudarme a cambiar las cosas.

Rosa se remueve por un instante y se despierta. Eli se da cuenta de ello y, como piensa que la chica todavía estará algo enfadada con ella decide marcharse. Se despide con la mano de Carlos y emprende la marcha. Sus pisadas resuenan suavemente.

-Eli- es la voz somnolienta de la muchacha que, sin embargo, está bastante despierta.- Gracias.


La aludida se da la vuelta y sonríe a la prima de su novio. No sabe por qué le ha dado las gracias, pero parece que es un paso para que su relación mejore. Corre hacia la playa cuando una gaviota pasa delante de ella y recuerda que quería ver amanecer. Llegará con el tiempo justo.


Rosa se acurruca contra el cuerpo de Carlos, que la recibe con los brazos abiertos. La cabeza parece que le vaya a estallar, pero ha tomado una decisión. Va a dejar todo ese mundo, toda esa tontería. Ya ha vivido demasiado, es joven y tendrá tiempo de hacer lo que quiere. Estaba tan obsesionada con divertirse que esa obsesión no dejaba que eso ocurriese. Pero la conversación entre su amigo y Eli lo ha cambiado todo. Se ha dado cuenta de lo que hay que valorar, y no es precisamente lo que ella está haciendo. Debe empezar por algo sencillo, por ejemplo, expresar sus verdaderos sentimientos. Se vuelve hacia Carlos que le acaricia el pelo, le mira a los ojos y le dice:

-Te quiero.

La chica coge su cara entre las manos, le acerca a ella y le besa. Y el beso es correspondido, en él encuentra toda la dulzura y las ganas que solamente hay en una persona que está realmente enamorada.

sábado, 26 de febrero de 2011

Capítulo 10: Coincidencias

Son las 6 de la mañana. David se despierta sobresaltado; tenía una pesadilla, pero no puede recordar qué ocurría en el sueño. Se pasa una mano por los rubios cabellos echándolos hacia atrás para apartarlos de la frente. De pronto se da cuenta de que la atmósfera de la habitación es bochornosa; hace un calor asfixiante. Cuando abre la ventana una brisa fresca, con un ligero olor a sal, inunda la habitación. Coge una camiseta y se la pone, saldrá a dar un paseo, pues no cree encontrarse con nadie a esas horas.

Recorre las desiertas calles del pueblo. Es domingo, nadie trabaja hoy. Y la misa no empieza hasta las 8. El silencio es sólo roto por las pisadas de sus deportivas contra el suelo de piedra y, de vez en cuando, algún chillido de las gaviotas que también han comenzado la jornada.

Mira una pequeña franja rojiza en el suelo. Está amaneciendo. Recuerda su ciudad, sus amigos, aquella mañana en la que todos madrugaron para ir a ver amanecer a la playa. Y siente el impulso de correr para llegar a ver el despertar del día.

Eli está sentada en el borde del paseo. Es pronto, pero no quería perderse un espectáculo como ése. Le había dicho a Rafa miles de veces que quería verlo, pues en su ciudad no había podido asistir todavía a ningún amanecer. No por nada en concreto, si no porque nunca se había animado a madrugar lo suficiente para ir a ver a ninguno. Pero ahí está, en un pueblo casi desconocido, mirando como el Sol comienza a alzarse ante ella, iluminando con reflejos anaranjados el agua del mar. De pronto, se siente descolocada. Está en un pueblo que prácticamente no conoce, donde está segura de que ya hay un par de personas como mínimo que la odian. Pero está Rafa: y si está Rafa es agradable. No, si está Rafa es encantador. Aunque esté lleno de víboras de pelo negro que quieran arrebatárselo. El recuerdo de Alicia le produce una tristeza repentina. Vienen a su mente las palabras y la imagen de la niña: “Sí, con...” Rafa, con eso que no había alcanzado a oír... Comienza a sentirse mal, es tan fácil hacer suposiciones... y creérselas todavía más. No quiere hacerlo, pero esa noche hablará con Rafa. Teme que se enfade, que si no ha pasado nada se lo tome a mal... pero si ha pasado tienen que aclararlo, no puede seguir con esa incertidumbre.

De pronto, algo la obliga a entrecerrar los ojos. Un rayo de sol le ilumina la cara. Cierra los ojos del todo y disfruta del sonido del mar y de los chillidos de las gaviotas. Se levanta una brisa que le lleva todo el pelo a la parte izquierda de la cara. Y de pronto oye unas pisadas tras ellas y cuando se vuelve ve como la miran unos ojos verdes. Pero no son los de Rafa. Entonces, reconoce al chico que no pudo ver bien la otra noche. De pronto, se pone roja.

- Hola- saluda David.

- Buenos días.

El muchacho hace un gesto con la cabeza hacia el muro en el que está sentada Eli.

- ¿Puedo sentarme?

- Claro, no hace falta que pidas permiso- dice ella amablemente. Habría sido un fastidio tener que hablar con él torciendo la cabeza para mirarle.

David toma asiento al lado de la muchacha y mira fijamente hacia el mar. El sol hace que su pelo brille desmesuradamente. Se produce un silencio que, extrañamente, no es incómodo. Cada uno está sumido en sus pensamientos. Y los de Eli retoman el camino de antes. Rafa y Alicia. Alicia y Rafa... no puede soportarlo.

- Bueno, ¿cómo te llamas? No puedo referirme a ti como “vecino” eternamente.

¡Así que es ella! Tras la ventana no la había podido ver bien, pero nunca habría dicho que era tan hermosa. Su pelo iluminado por el sol de la mañana es de color rubio rojizo; y los ojos de un marrón (más bien verdoso) muy claro.

- David- sonríe él. – Y tú eres...

- Eli.

- ¿De Elisabeth?

- No tan elaborado- responde ella a punto de reír.- Elisabeth suena a princesa.

- Entonces... ah, claro, Elisa.-sentencia el muchacho.

- Así es.

Parece simpático. Parece simpática.

La conversación parece salir sola. Hablan sobre la gente del pueblo, a la que David no conoce y, por lo que le cuenta la joven, no tiene ningunas ganas de hacerlo. Descubren que son de la misma ciudad. El chico le cuenta los motivos por los que han comprado la casa allí. Al parecer, sus padres son de la ciudad más cercana; la capital de la provincia, pero no querían pasar todo el verano en ella, así que compraron la casa en el pueblo. Y ella habla sobre las dudas que tiene sobre Rafa y lo mal que le cae Alicia...

- Un momento, ¿has dicho Alicia?- la interrumpe él.

- Sí, ¿por?

- Morena, flequillo recto...- Eli asiente y él está a punto de soltar una carcajada- Me da a mí que esa es una tira-cañas.

Eli frunce el ceño y pregunta el porqué.

- Pues porque vino toda contenta con su séquito de amigas detrás a hablar conmigo en la playa. Me tiraron un balón de playa y luego vino ahí a contarme su vida y a interrumpirme la canción.

La joven no consigue aguantarse y se ríe. De pronto, las campanas de la iglesia del pueblo suenan. Los dos callan por un momento y cuentan los “dongs” que emiten. Son 9; llevan dos horas y media hablando. A ambos se les han pasado volando.

- Me tengo que ir a casa ya; si Rafa se despierta y ve que no estoy tal vez se preocupe...

- Te acompaño a casa- propone él.

Eli le da un golpe de mentira mientras dice:

- No intentes hacer que suene caballeroso, ¡vives al lado!

David se levanta y le tiende la mano.

- No intentaba hacerme el galán, pensaba hacerlo aunque no fueses mi vecina.

La chica hace una mueca, pero acepta la mano que él le ofrece y se levanta. Caminan juntos hasta las casas.

- Y aquí es dónde nos despedimos-dice él.

- Bueno, podemos no despedirnos- al ver la expresión contraria del muchacho Eli añade:- Estoy segura de que si los dos gritamos muy fuerte y nos pegamos a las paredes seremos capaces de oírnos. Pero en mi casa hay gente, ya lo probaremos otro día- ríe ella.

A pesar de lo infantil que ha sonado, David también ríe. Ambos son adolescentes, están en la edad de ser todo lo infantiles o todo lo maduros que quieran y nadie podrá quejarse.

Ella saca las llaves sigilosamente y abre la puerta de la casa. Se despide con la mano y cierra la puerta intentando no hacer ruido.

David mira la puerta cerrada. ¿Esperaba dos besos? Ella ya le había avisado: nunca fue de las que dan dos besos.

martes, 8 de febrero de 2011

Capítulo 9: "Creciendo"

- ¿Conocéis el cuento de Caperucita Roja?

- Sí, ¡pero ya no nos gusta!- Protestan las niñas, ya metidas en la cama.

Eli frunce el ceño y se echa un poco hacia atrás, Rafa toma el relevo.

-Pues yo os voy a contar una historia que no conocéis.

Susana y Miriam se tapan un poco más con la fina sábana esperando que empiece el relato.

- “Había una vez, en un reino muy lejano una princesa muy hermosa, tan hermosa que todos los muchachos del reino querían casarse con ella.

Sus padres le presentaban a todos los príncipes de los territorios de alrededor, pero ella les rechazaba...

- ¿Por qué? ¿Eran feos?- Eli ríe por la pregunta de la niña, pero su novio sólo esboza una sonrisa.

- Ahora lo sabrás.- Se limita a responder.- “... Stella, que así se llamaba la princesa, no quería a ninguno de sus pretendientes. Eran muy guapos, pero sólo se acercaban a ella porque su reino era muy poderoso y los padres de los muchachos querían que se juntasen. Y, aunque ella era amable y educada, los príncipes solamente veían la belleza exterior.

Un día, mientras montaba a caballo para salir fuera de la ciudad a practicar el tiro con arco, un perro se cruzó con su montura y tuvo que parar de pronto. Su hermano mayor, que se preocupaba demasiado por ella, buscó enseguida al dueño del animal; que apareció un momento después. El chico se ofreció a escoltarlos hasta el campo y ellos aceptaron. Apareció con un caballo muy bonito por el que el hermano de Stella se interesó. Ella estuvo callada durante todo el rato hasta que llegaron al campo de tiro. Lucas, que así se llamaba el chico del perro, la ayudó a bajar y estuvo pendiente de ella casi todo el rato que estuvieron allí. El príncipe Roberto hizo amistad con él y le propuso que lanzase una flecha; pensando que fallaría. Pero Lucas se desvió por poco del centro de la diana. Los hermanos estaban impresionados; no era normal que un chico sin formación fuese tan bueno.

-Deberíamos de ver qué tal eres con la espada. No solemos hacer esto; pero podrías llegar a formas parte de la corte, tienes mucho talento.- Dijo Roberto.

Stella y Lucas se veían todos los días. No solían hablar, más que para las cortesías. Ella era bastante habladora, pero con él... temía decir cualquier cosa que le sentase mal; y eso a ella nunca le había pasado. Por otra parte, a Lucas le daba un poco de vergüenza hablar con ella, no solo porque fuese de una clase más alta a la de él, si no también porque era muy hermosa; y aunque él también era guapo, le hacía sentirse extraño.

Entonces la formación como caballero de Lucas empezó a progresar. Llegaron a la parte del protocolo, y como las doncellas de Stella andaban bastante ocupadas haciéndole un vestido para un baile que estaba próximo, decidieron que podría practicar con la princesa. Ella podría corregirle si hacía algo mal. Fueron intimando cada vez más. Se dieron cuenta de que se llevaban muy bien y ya no cenaban y comían juntos por las prácticas del chico, si no por placer.

Stella acostumbraba a subir a la torre más alta del castillo por la noche para observar las estrellas y lo bonita que era su ciudad y, más allá, los verdes prados que pertenecían a su familia.

Una de esas noches alguien subió. Era Lucas.

-Ah, pasa-dijo ella sonriendo- estas vistas son preciosas.

Él obedeció. Se recostó en el borde de la torre, y apreció que lo que le decía la princesa era cierto. La miró y volvió a darse cuenta de lo hermosa que era. Por dentro y por fuera; él había vivido la amabilidad de la muchacha, su ternura, lo graciosa que podía ser cuando quería. Lo que no sabía es que ella pensaba lo mismo que él. Cuando vio que Stella se estremecía la rodeó con un brazo. Eso podría haber sido una osadía, pero entre ellos nada era maleducado. La princesa apoyó la cabeza en el hombro del muchacho y él le acarició la mejilla, temiendo adelantarse y que ella le rechazase si le besaba. Se arriesgó.

- Tú serás mi príncipe- sentenció la chica cuando acabó el beso.

- Pero... si no tengo ni castillo...

- Me da igual.

- Te quiero.- Le dijo Lucas acariciándole los sedosos cabellos.

Y vivieron felices y comieron perdices.”

Las hermanas ya están adormiladas, pero a Susana todavía le da tiempo a decir:

- La luna está creciendo.

La pareja se vuelve hacia la ventana y miran el satélite. Tiene la forma de una C al revés.

- No, Su, está creciente.

Pero la niña ya se ha dormido.

Eli coge a Rafa de la mano. Se ha olvidado completamente del enfado. Al fin y al cabo, todos cometemos errores en algún momento. Lo lleva a su habitación y se tumban en la cama; ella está muy cansada, y su novio lo sabe. Elisa le besa suavemente y después se acurruca en el hueco del cuello del muchacho.

-Buenas noches, Stella.-Dice haciendo referencia al nombre que ha usado en la historia, que es igual al que ella usaba en el foro en el que se conocieron.

-Buenas noches, Lucas.- Ése el nick que él usaba.

Lo último que escucha antes de quedarse dormida es que Rafa le dice “te amo”. Uno al que no puede responder porque en ese momento cae en los brazos de Morfeo.

jueves, 27 de enero de 2011

Capítulo 8: Verdades

La mirada es de reproche. Ella está sentada en la cama con la espalda en la pared y la cabeza apoyada en las rodillas. Rafa la mira desde el marco de la puerta cruzado de brazos. Finalmente, entra a la habitación y cierra la puerta tras él.

- Te has comportado como una cría.

- Creo que Alicia piensa lo mismo.

Rafa sabe que la ha herido al no defenderla, pero no le ha salido de dentro. Estaba más atento a los otros muchachos. Al numerito que estaba haciendo Elisa delante de todos sus amigos. Sabía que ella lo pasaría mal en ese momento, pero no tenía por qué evitar salir con sus amigos porque ella estuviese allí. Al fin y al cabo, la libertad era lo que hacía que las relaciones funcionasen. La libertad y la satisfacción de ambos. Pero ella no es feliz cuando él se mueve en esos ambientes. Suspira y se sienta en la cama, aunque no cerca de ella.

-Yo no saldré esta noche.- dice al fin Elisa sin moverse.

-Ya me lo esperaba.- la respuesta de su novio es casi inaudible.

La chica no aguanta más y se levanta. Coge una cazadora no muy gruesa y sale de la habitación. La pregunta de Rafa no se hace esperar.

-¿Dónde vas?

-A dar una vuelta, no me apetece estar aquí.

Rafa corre tras ella sin pensarlo, más como un impulso que como un acto premeditado. Se le ha olvidado el enfado de pronto. Pero a ella no.

- ¿Puedo ir?-pregunta el chico poniéndose ya la chaqueta.

Ella se encoge de hombros y sigue caminando hacia la puerta que de pronto se abre. La más pequeña se echa a sus brazos y la mayor corre hacia Rafa. Logran cogerlas de milagro. Detrás de ellas está Rosa, que viene a buscarlos para salir. Se la ve ausente, pero igualmente logra asimilar las expresiones de la pareja y decide no hacer ningún comentario. Eli sonríe, aunque le cuesta. Rafa le explica que no saldrán porque él no se encuentra bien. La chica disimula jugando con las niñas, pero está atenta a la conversación entre su novio y Rosa, que se produce en susurros.

- ¿De verdad no te atreves? Mira, si tengo aquí mismo.

- ¿¡Pero qué haces, loca!? Guarda eso.

Se oye una risa desganada y como uno de los dos arrastra los pies. La chica morena aparece por la puerta y mira a Elisa.

-¿Tú tampoco quieres...?-empieza a preguntar.

- No, gracias, no estoy interesada.-contesta la chica antes de que su interlocutora acabe la pregunta.

Rosa se va como puede de vuelta al puerto. Rafa mira a su novia jugar con las hermanas. Les está poniendo caras y las niñas ríen. De pronto se vuelve hacia él. Espera una mirada enfadada, pero sólo encuentra ternura en sus ojos.

La verdad es que durante la conversación entre los primos Eli ha estado pensando. Rafa estaba renunciando a algo que le gustaba por ella. Lo mínimo que podía hacer era mostrarse comprensiva.

Las niñas echan a correr escaleras arriba para abrazar a Laura, que va a salir con toda la familia.

- ¿Vais a salir?- pregunta Andrea.

Eli se dispone a responderle, pero su novio se le adelanta.

- No, esta noche nos quedamos, ya veremos si mañana salimos...

- En ese caso... ¿os podéis quedar con las niñas?- pregunta el padre de éstas, al que todavía no habían visto.

La joven sonríe encantada. Siempre le ha gustado cuidar a niños pequeños, y esas dos chiquillas eran tan encantadoras... Además, estaría con Rafa, sería como crear una pequeña familia, como serían ellos en el futuro. Escucha a Rafa decir que sí y las pequeñas corren hacia la cocina buscando algo para comer seguidas por Rafa, que pretende impedírselo por si luego no se comen la cena. La joven se encoge de hombros y sonríe a la familia de su chico para luego seguir a los tres moviendo la cabeza.

La joven está en la cocina haciendo la cena. Una cosa sencilla, hamburguesas. Una de las niñas, Miriam, entra en la cocina sin hacer ruido. Elisa percibe el movimiento por el rabillo del ojo.

- Uy, ¿cómo que no estás con tu hermana y Rafa?- se aleja disimuladamente de la sartén. Ha bajado el fuego, pero no quiere que le salpique nada de aceite.

- Esos tontos están viendo Doraemon y yo no quiero verlo.

Eli sonríe. Ella nunca tuvo ese tipo de problemas... era lo que tenía ser hija única. Toda la tele para ti. Y el aburrimiento también.

La pequeña se pone de puntillas y salta al ver que no consigue su objetivo. Finalmente, pregunta:

- ¿Me das un poco?

- No puedo, Rafa y tu hermana se enfadarían conmigo.- No puede ocultar una sonrisa por lo infantil que ha sonado.

Miriam se cruza de brazos y la mira algo enojada. Bueno, al menos la amiga nueva de su primo es mejor que Alicia, la del año pasado. Se pregunta si Eli la conocería.

- Oye, ¿tú sabes quién es Alicia?

Por Dios... ¿ahora hasta la chiquilla le iba a preguntar sobre esa odiosa choni?

- Sí, la conozco- se limita a responder.

- ¿Y te cae bien?

La simplicidad de la pregunta la deja de piedra. Hacía mucho tiempo que no clasificaba a las personas como las que le caían bien o mal. Era una buena clasificación, desde luego. Pero la suya es mucho más extensa: Personas a las que amo, personas a las que quiero, personas con las que me gusta hablar a menudo, personas con las que no me gusta hablar tan a menudo, personas que me dan igual (y, por lo tanto, no deberían estar en la lista), personas a las que prefiero no ver porque sé que discutiré, personas a las que odio y personas a las que me gustaría matar. Alicia se encuentra en las dos últimas categorías. Pero Miriam no la entendería, al fin y al cabo, era una niña.

- No, no me cae bien. ¿Y a ti?-dice con el tono más amigable que pudo.

- ¡La odio!-“pues parece ser que al final sí va a entender mi lista de categorías...”- el verano pasado, cuando venía, siempre nos hablaba mal a mi hermana y a mí.

La información deja un poco consternada a la chica. En la cena de la noche anterior Antonio le había explicado que no solían traer gente que no fuese de la familia a casa.

- ¿Venía?- dice con una voz una octava más alta de lo que correspondía.

- Sí, con...- una risa de Susana desde el salón ahoga el nombre.

Eli sí puede saber con quién había dicho la niña que venía. Se tensa un poco y tiene que apoyarse en la pared, tratando de asimilar qué quiere decir todo eso. “Rafa” es lo que la risa ha hecho que no oyese. “Rafa” era lo que Eli ha leído en los labios de Miriam.

- Pero parecía que habían llorado los dos, tenían los ojos rojos.

La joven aprieta los puños, hace de tripas corazón y, parpadeando, se vuelve a acercar a la sartén para darle la vuelta a la comida. Ella sí que va a llorar. Nota ese picor que se le pone en el interior de la nariz cada vez que se le humedecen los ojos. Pero no lloraría delante de Miriam. Además podría ser que... que él solo la llevase a su casa porque ella se encontraba mal y vivía más lejos o que... o que nada.

- Eli, tú también tienes ahora los ojos rojos- hace notar la pequeña.

- Es que he bostezado- miente- y a mí, además de llorarme cuando bostezo, se me ponen rojos.

¿Qué dice? Ella no le ha visto bostezar. Seguro que le están ocultando algo porque es más pequeña que ellos. Pero ella no quiere que estén tristes. Al menos no Rafa y Eli. La muchacha le pone una silla a la que ella se sube. Tiene delante un bote de ketchup, uno de mostaza y otro de mayonesa.

- Pon tú las salsas- le sonríe mientras va a sacar los panes.

Se los pone delante a la pequeña.

- Aquí falta uno, Eli.

- No, yo... no tengo hambre.

Debería tenerla. No había comido nada desde las dos de la tarde. Pero su estómago estaba cerrado. No podía pensar en otra cosa que no fuese la revelación que le había hecho la niña. Deseaba no haber ido nunca a ese pueblo, no haberse enterado del desliz. Si es que había pasado algo. Era una vocecita esperanzada la que había hablado, pero casi no se la oía debajo de los gritos de la desolación y de la furia.

Miriam la avisa de que ya ha puesto los condimentos. Ella pone la carne y cierra los panes con habilidad. Coloca cada hamburguesa en un plato y van juntas al salón después de ordenar la cocina.

Rafa está repantingado en el sofá con la mirada perdida. ¿Estará pensando en lo que están haciendo sus amigos? Está segura de que le encantaría estar ahí en vez de con ella; su aburrida novia que quiere tener una vida normal y sana. Susana está viendo como el gato azul saltaba por la ventana sentada muy cerca de la tele.

- Su, no te sientes tan cerca de la tele, te hará mal a los ojos.

Le da su plato a la niña y se apoya en el brazo del sofá, algo lejos de Rafa. Pero tiene que disimular. Al fin y al cabo, todavía no sabe nada. Se acerca lentamente y acaba sentándose a su lado. Se intenta concentrar en la televisión y en las imágenes que pasan por ella, pero no lo consigue. Suelta un largo suspiro. Es entonces cuando Rafa repara en ella.

- ¿No comes?

- No tengo hambre...

- Pero llevas sin comer desde...

- No tengo hambre.- el tono de ella ha sido tan cortante que Rafa no se atreve a preguntar más.

Le pasa un brazo por los hombros y sigue viendo la tele mientras come. Eli se cruza de brazos y se hunde un poco en el sofá. Mira el reloj; son las 10 de la noche. Dentro de media hora acostarán a las niñas. Según tiene entendido la serie acaba a las 10 y cuarto. Al fin salen los créditos acompañados de una cancioncilla que supone que está en japonés.

- Chicas, a la cama.-Todavía no es la hora, pero sabe que ellas se harán de rogar y no querrán ponerse el pijama ni acostarse. Así tienen ese cuarto de hora de ventaja.

Pero las pequeñas, sorprendiéndola, comienzan a subir las escaleras. Mira a su novio extrañada y él se encoge de hombros con una sonrisa inocentona que a ella siempre le ha parecido encantadora.

- Eres las nueva y les caes bien, habrá que hacerte caso, ¿no?- y justo después de decir esto le da un beso casi efímero en la mejilla y sube tras las niñas.

Eli se toca la mejilla en la que él la ha besado. La piel todavía le cosquilleaba. Esta noche tendrían que hablar. Pero después de acostar a las niñas...

miércoles, 19 de enero de 2011

Capítulo 7: Puerto


Ya han visto el pueblo. Eli está en su cuarto arreglándose, esta tarde conocerá a los amigos de Rafa. Qué pocas ganas tiene... Se regaña a sí misma. Tal vez hayan cambiado. Tal vez se hayan dado cuenta de cuál es el camino correcto. Se derrumba sobre la amplia cama. ¿Qué chorradas está pensando? Es obvio que esa gente no cambia.

- Vaya compañías te has tenido que buscar, eh, Rafa...- dice con la cara aplastada contra la almohada.

Él le había dicho que si ella no quería ese verano no saldría con sus amigos de allí. ¿Pero quién es ella para privarle salir con ciertas personas? Nadie. Oye abrirse la puerta y Rafa se sienta junto a ella en la cama.

- ¿Te encuentras bien? – pregunta el chico, aunque sabe qué le pasa.

No, claro que no se encuentra bien. No tiene ningunas ganas de conocer a sus amigos. Ella no pertenece a ese mundo. Ella no debe estar ahí.

Tocan a la puerta. Rosa está en el umbral con una maliciosa sonrisa y Rafa le hace una mueca para que no presione a Eli.

- Hemos quedado a las seis – informa la chica. Se ha vestido con unos vaqueros azul claro y una camiseta azul oscura. Lleva unos tacones vertiginosos, pero aún así no llega al metro setenta, por eso no llega a ser ni tan alta como Elisa.

La chica se levanta de la cama y besa apasionadamente a Rafa. Eso le infunde ánimos. Se pinta entonces los labios y se calza unas sandalias blancas con un poco de tacón, pero que no llega a hacer complicado el caminar. Lleva un vestido del mismo color que las sandalias con un cinturón negro para que se le marque más la cintura.

Salen de casa y caminan hacia el puerto. ¿El puerto? Qué sitio más raro para reunirse los jóvenes, piensa Eli. Rosa les va metiendo prisa, a pesar de que todavía son las seis menos cuarto. Según dice ella, allí siempre hay gente y todos se alegrarán de ver a Rafa. En vista de que el pueblo es casi llano no llegan a ver al grupo de gente hasta que están allí. El viento sopla hacia el oeste y viene el típico aroma de un puerto. Pescado y sal. Es un poco desagradable. Pero el viento para. Cambia de dirección, ahora sopla hacia el este. Eli hace una mueca de disgusto cuando un fuerte olor a incienso le golpea en la cara. Pero ella sabe que no es incienso. Un grupo de chicos se acercan a Rafa y Rosa entre risas desganadas. Miran curiosos a Eli y alguno hace algún comentario que ella no alcanza a entender. Siente el impulso de esconderse tras Rafa, como una niña pequeña. Pero se mantiene donde está. Los chicos se acercan y ella aspira una bocanada de aire por la boca. Tal vez su cuerpo la traicione y el olor de los porros que los chicos llevan en la mano le haga toser. Uno de los jóvenes va directo hacia Rosa y le besa apasionadamente.

- Apuesto que duran tres días- susurra Rafa en el oído de Eli.

Eso le hace soltar a ella una risita nerviosa y falsa. Está muy tensa. Decenas de nombres que no se molesta en aprender. ¿Para qué? Si puede que ni si quiera sus propietarios los recuerden la mayor parte del tiempo. Uno de los chicos que no están fumando se acerca a Eli. Es el único al que acepta dar dos besos. A los otros los ha despachado en seguida con un frío “hola”. Pero tiene entendido que Carlos no es como los demás. Él sólo lo hace de vez en cuando. El muchacho mira hacia Rosa, que sigue dándose el lote con su rollo. Eli puede percibir una mirada de anhelo en los ojos grises del muchacho. La pareja y Carlos habla distraídamente. Rafa con un poco de envidia. Carlos deseoso de que la chica a la que lleva esperando ver durante todo el día deje de liarse con uno de esos yonkis. Eli cada vez más relajada, a pesar del nauseabundo olor a sal, incienso y marihuana.

- ¡¡¡Rafaaaaaaa!!! – la chica que grita está eufórica.

¿Cómo no va a estar Alicia contenta si hacía un año entero que no veía a Rafa? Se pregunta quién es la chica de blanco que está al lado. ¿Su novia? No lo cree. Esa cría no se atrevería a ir allí ni por su madre, además no están cogidos de la mano ni nada. Será alguna nueva en el pueblo o algo así que está intentando socializar. Pero la muchacha se vuelve. Sus cabellos castaños brillan con reflejos dorados al volverse. Mierda, es su novia. Mierda, es bastante guapa.

- Hola – se limita a decir Rafa.

Eli ha oído hablar de Alicia. ¿Cómo no? Todos los chicos hablan de ella. Más de sus escotes y minifaldas pero de ella al fin y al cabo. Rafa le recordaba a Eli cuando la quería poner celosa que había una chica en su pueblo que iba detrás de él. Y que no era fea precisamente.

Alicia se tira al cuello de Rafa y lo abraza con fuerza. Eli le lanza una mirada asesina que la chica morena no ve porque está de espaldas a ella. Rafa mira a su novia ruborizándose y deseando que Alicia le suelte de una vez. Tiene que empujarla un poco para que lo haga. La chica se vuelve y fuerza una sonrisa para Eli. Es correspondida. A la chica que viene de fuera le hace gracia que casi todos los chicos sean altos y las muchachas menudas.

Los ojos de Carlos centellean al ver que Rosa al fin se separa de su lío, pero vuelve a entristecerse de que es solo para tomar una calada de un de los canuto que le ofrece una de sus amigas. Alicia tiene a Rafa abrazado por la cintura y eso saca a Eli de quicio. No está enfadada pero se empieza a preguntar si el verano pasado no ocurrió nada entre ellos dos.

Una nueva ráfaga de aire. Hace toser a la muchacha y esto llama la atención de su novio. Rafa se despega de una melosa Alicia con un gesto brusco y se acerca a Eli. Se pone delante de ella para que el aire no le dé directamente.

- Rafa, me quiero ir – al ver el gesto de duda de su novio le pone más énfasis a la siguiente oración – Me quiero ir. Ya.

El chico duda. Podría mandarla a casa y quedarse un rato a fumarse unos cuantos porros como solía hacer antes. Mira que tener que encontrar precisamente a una chica en contra de eso... Pero no. Está enamorado. Y está más enganchado a su novia que a la marihuana.

- ¿Dónde vais? – la voz aguda de Alicia hace que Carlos y Rosa (que ya se nota que va bastante drogada) se vuelvan hacia ellos.

Carlos sujeta a Rosa por la cintura, atesorando el momento de cercanía que puede pasar junto a la chica de la que está enamorado desde que eran niños.

- A casa, Eli no se encuentra bien - explica Rafa.

A su novia le entran ganas de decirle que no tiene porque darle explicaciones a esa fresca, pero se las aguanta. No es así cuando al volverse la chica morena dice en un intento de dejarla mal delante de los demás:

- Claro, es una cría. No está hecha para estos ambientes.

- ¿Qué has dicho? – la voz de Eli es tan fría que hasta Rafa se estremece. Pero no deja que Alicia se explique – Ningún ser humano está hecho para estos ambientes. De hecho tú morirás antes que yo, afortunadamente para el mundo.

Alicia está a punto de abalanzarse sobre la joven, pero Rosa la detiene, aunque también está molesta. Ella está acostumbrada a que su amiga se meta en líos y ya ha desistido en sacarla de ellos. Además, todavía está dolida por el hecho de que Eli la dejase mal la otra noche. Se ha hecho el silencio en el puerto, solo roto por el lejano rumor del mar. Parece que todos han notado la tensión que se ha formado entre las dos chicas. De pronto un ruido de tacones.

- ¿Nos vamos, Rafa? – el tono de Eli es el más dulce que ha usado desde que llegaron al puerto.